Me encanta ver como el pan se va tostando lentamente mientras el aroma de harina tostada me transporta a mi infancia y escucho a mi abuelo cuando me contaba con su voz melodiosa y cariñosa que el tomate nunca debe mojar el pan sino solo acariciarlo e impregnarlo de su aroma y así lo hago, después le toca la hora al aceite, su color dorado, intenso sabor y su densidad siempre me han fascinado. Corto el embutido con cuchillo, de una forma irregular, jamás consigo que un trozo se parezca al otro, pero decoran la tostada de una forma casi naif, ingenua en la técnica pero respetando el sabor y aroma de cada uno de ellos.
La cocina me hace sentir alquimista… rompo con cuidado la cascara de los huevos y puedo convertirlos en muchas cosas distintas, huevos fritos, revueltos, tortillas, pochados…
Zumo de naranja recién exprimido, tostadas con mermelada y mantequilla, con queso fundido, fruta, yogur, café, te con gran variedad de sabores y “colores”: rojo, blanco, verde, negro… de cada uno de ellos podría describir texturas formas de tratarlos y presentarlos pero lo más importante es que hace mucho tiempo descubrí que el placer por la comida recién hecha me lo transmitió mi abuelo, ese abuelo que regaba el huerto y amaba la tierra y sus frutos, por ello mi pasión por encontrar los mejores productos, de proximidad porque él me enseño que todo ha de ser recogido en el momento justo, de temporada porqué es cuando la tierra nos los regala con su mejor color y sabor y ecológicos porqué no envenenar la tierra no envenena a sus criaturas…
Y ese es mi placer… regalar sabores de verdad a nuestros huéspedes, con una cocina hecha con sinceridad y mucho amor.
Y entre los fogones de Palou Boutique Hotel saludo a los que han degustado nuestros desayunos y a los que aún no lo han hecho invitarlos a que lo hagan.