Nuestro encantador hotel está ubicado en una villa señorial de indianos y en su remodelación se intentó en todo momento respetar todos los detalles de esa época, entre ellos el romanticismo. Queremos compartir con vosotros  una bella historia de amor de esa época, aunque en el fondo como toda historia de amor es intemporal.

Catalina Laza del Río Noriega, natural de Cárdenas Matanzas, fue una de las mujeres más hermosas de su época. Destacaba en los salones de la alta aristocracia habanera, ganando los principales concursos de belleza en el año 1902 y 1904. Fue bautizada como “La maga halagadora”, por los periodistas de la época. Contrajo sus primeras nupcias en Tampa, Estados Unidos, con Luis Estévez Abreu, hijo de la patriota Marta Abreu y Luis Estévez Romero, primer vicepresidente de la República de Cuba.

Fue en una cena de gala en 1905 donde conoce al acaudalado hacendado Don Juan Pedro Baró,que queda prendado ante la belleza de Catalina, quien  corresponde a su amor. Desde entonces no dejaron de verse a escondidas. La burguesía y la alta aristocracia cubana los rechaza totalmente. Cuentan que un día  cuando la pareja hizo su entrada al Teatro Nacional para asistir a una función de ópera, todos los asistentes se retiraron, dejándolos solos. En agradecimiento a los artistas que continuaron la función, Catalina les lanzó al escenario sus joyas.

Su amor fue tan intenso que aunque la ley del divorcio aún no existía en Cuba, Catalina se atrevió a pedirle la separación a su esposo, que no solo rechazó si no  presionado por su influyente familia la acusa de bigamia, por lo que deben huir del país.

Para evitar a la justicia viajan a París y  Marsella, con la vista puesta en Roma para  poder  entrevistarse con el papa, la única persona con la facultad para deshacer sus antiguo matrimonios. Este los bendice y disuelve sus primeos enlaces.

Los amantes del Vedado llegan exitosos a la Habana en 1917, donde son acogidos nuevamente en la alta sociedad. En ese mismo año, Mario García Menocal, presidente cubano, aprobó la Ley de Divorcio en la isla, registrándose inmediatamente la separación de Catalina con su primer esposo.

Baró, caballero reservado y apasionado por su esposa, mandaría a edificar un palacete en la avenida Paseo entre 17 y 19 en el Vedado. Su construcción duraría casi una década. Construida con arenas del río Nilo y por los renombrados arquitectos de la época Evelio Govantes y Félix Cabarrocas proyectan la obra con aliento renacentista italiano hacia los muros exteriores; mientras hacia el interior, muestra un claro acento del art-decó. La ejecución corrió a cargo de la constructora estadounidense Purdi and Anderson; mientras la decoración, en los estucos de los salones principales estuvo a cargo de la parisina Casa Dominique.

Fueron de la más fina y moderna cristalería, al estilo Art-Noveau, en los cuales fue aplicada la novedosa técnica del claro de luna, con la cual se logra un cristal con una transparencia lechosa. Consta esta edificación de dos grandes ventanales creados con el apoyo de las copas de los invitados que asistieron a la boda de ambos y las puertas fueron creadas con sus iniciales al borde superior de las mismas.

Cuentan que la apasionada y valiente pareja fue objeto de los más extraños maleficios y prácticas oscuras. Ella solo vive cuatro años en la mansión, pues debido a su repentina enfermedad viajan a Francia, donde también tenían propiedades y fallece en 1930. Su cuerpo es sometido a un proceso de embalsamamiento para ser trasladado a la Habana. El panteón costó medio millón de pesos y Catalina fue sepultada en 1932 con un ramo de las rosas que llevan su nombre, pero hecho de piedras preciosas.

Diez años después, fallece Pedro Baró en la Habana. Cuentan, se hizo enterrar de pie para velar el eterno sueño de la mujer que tanto amara. Las tumbas de él y Catalina fueron clausuradas con losas de hormigón fundidas in situ para evitar que alguien las profanase. Actualmente se desconoce la suerte que corrió la hija de la pareja.