Una versión de un clásica leyenda, escrita por un huésped en uno de los románticos salones de Palou Boutique Hotel, que queremos compartir con vosotros.
Sabía que su final iba a ser doloroso, estaba realmente asustada, pero la habían educado para ser una mujer fuerte y en el fondo sabía que cada paso que daba le acercaba a sentir el sufrimiento que muchas doncellas antes que ella habían padecido. En su fuero interno pensaba que ojalá su sacrificio acabara de una vez por todas con la agonía de su pueblo, pero era consciente de el dragón no dejaría de aterrorizarlos por el mero hecho de sacrificar a la única hija del rey.
Ya quedaban pocos metros para llegar ante tan desalmado animal, podía oler el azufre del su aliento y el calor de las llamas que salían de la boca del enorme ser alado, quería hablar con él, quería intentar convencerlo, aunque sabía que no la iba a escuchar y de pronto… apareció Jorge su amigo de la infancia, su compañero de juegos, el hijo de la doncella, ella siempre lo había amado de una forma muy especial, jugaban a escondidas y cuando se hicieron mayores compartían lecturas, sueños, anhelos y aunque sabían que su amor era imposible porque el era un plebeyo nunca habían querido renunciar a sus sentimientos.
¿Qué hacía Jorge allí?, él no era un guerrero. Cuando miró su rostro vió reflejado el amor que sentía hacia ella , la desesperación de no verla más, eso le infundía una especie de valor que lo hacía poderoso, blandía en su mano una espada y sólo pudo escuchar un grito
…¡¡¡No te la vas a llevar!!!
Después un trueno la dejó aturdida, Jorge desapareció entre llamas y rugidos, sintió la desesperación de la pérdida, sus ojos se llenaron de lágrimas, su garganta se negó a emitir toda la pena que sentía, cayó de rodillas para despedirse de su amado… cuando de pronto alzó los ojos y vio la sonrisa de Jorge y el dragón agonizante a su lado, derramando una sangre especialmente roja que impregnó el suelo y fundidos en un cálido abrazo vieron nacer una rosa muy especial, que Jorge ofreció a su amada.
Nunca se puede desestimar la fuerza que puede otorgar un amor verdadero.